jueves, 21 de octubre de 2010

MEMENTO

Un cartel para hablar del juego de los espejos.





Vemos una imagen que nos muestra fotos sacadas por una Polaroid que se superponen y repiten constantemente de tal modo que no sabrías decir en que momento exacto la misma imagen termina de repetirse. Como cuando uno se mira ante dos espejos enfrentados.

Realmente es un juego muy bonito el de las fotografías, ya que da un aspecto diferente a lo que conocemos como cartel. Esto es así porque los protagonistas (aunque advierto que falta otro tercero en discordia) no son presentados de un modo habitual y sin más intermediarios que el material del que se dispone, sino que se hace a través de otro medio que es la fotografía dentro de la propia fotografía. Es el fenómeno dentro del fenómeno. Pero esto nos permite captar la esencia de la película en la que nada es lo que parece y que no nos es presentado tampoco de un modo claro y conciso. De hecho podemos ver que no están nítidos los rostros de los dos personajes (que por cierto, al ser hombre y mujer, como en todo buen cartel, no hace falta decir que tienen un afair en la película.)

Voy a ser honesta y decir que esta película la he visto unas cinco o seis veces y aun no soy capaz de ponerla del derecho, aunque no se ni siquiera si lo tiene. Pero hay cosas que sí quedan claras y una de ellas es que de Natalie, no hay que fiarse ni un pelo. Pero creo que con solo mirar como sale en el cartel podemos hacernos una idea. Y para esto basta con solo un visionado del film. Está con una mirada pentrante, seria, y con un fondo oscuro. La oscuridad siempre ha sido la enemiga del hombre, no hay más que pensar en el fuego como ese gran descubrimiento. Además es una foto más nítida que en la que sale él.

Esta falta de nitidez es una evocación a la falta de memoria (el protagonista, recordemos, tiene lo que podemos llamar comúnmente: memoria-pez). Y la mirada de reojo de Leonard Shelby, nos hace pensar en una mirada al pasado que aun le perturba. De hecho se supone que solo recuerda hasta cierto momento de su vida en la que sufrió un shock emocional.

El hecho de que se recurra a las fotografías Polaroid no es tampoco casual ya que el protagonista masculino hace uso de ellas para recordar.

Por otra parte, los colores cálidos que se utilizan, y ese negro tan presente, así como las miradas desafiantes, el hecho de no ver donde acaba el cartel (la primera fotografía en la que sale él, se sale del marco del cartel), nos hace pensar en una película de misterio.
Captamos la esencia de la película con un solo vistazo, y resulta interesante tanto si no se ha visto, como una vez vista la película (tantas veces como sea necesaria). El cartel nos lleva a un infinito que parece no acabar, como el mensaje de la película que también parece no terminar.


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