viernes, 15 de octubre de 2010

Reflejos de cine


 Cuando representamos, no lo hacemos sin seguir unas pautas, ya que generalmente tratamos deplasmar una idea,esto es, la unidad de la pluralidad. Nuestro afán siempre ha sido el mismo: colocar espejos ante las cosas y dibujar lo que vemos en ellos.

En el clasicismo y neoclasicismo, el espejo intenta ser perfecto, incluso corrector, como los programas de retoques digitales sobre las fotografías que tenemos ahora. Pero también hemos optado en ocasiones por espejos que reflejen la realidad tal como es, sin pretensiones. Hoy en día la fotografía de escenas de la vida cotidiana, de las guerras… pueden hacernos ver este tipo de iniciativas. Así como los cuadros hiper-realistas. También nos atraen los espejos apropiacionistas, en los que una vez capturado el reflejo, lo retocamos hasta darle una nueva personalidad. Son espejos que deforman, caricaturizan o re-crean temas que ya conocíamos con anterioridad. Este tipo de creaciones en las que lo que representamos es otra representación se va acercando más a nuestra creación de los carteles. Pero en el caso de los apropiacionistas, se consideran creadores de Nuevas obras, aun cuando re-utilizan, re-crean motivos ya escogidos por otros autores. Su  fantasía les lleva a buscar la Idea de la Idea original.  Creo que en ocasiones algunas de estas obras me recuerdan a cuando somos niños y pintamos sobre los rostros que aparecen en las revistas por pura diversión. Sale nuestro lado más gamberro y original, un guiño a lo dionisíaco que hay en nosotros y en todas las obras. El postmodernismo es ese momento en la historia del arte que parece caracterizarse precisamente por este uso de los espejos deformados y deformantes.

En el caso de los carteles de cine, estamos poniendo un espejo frente a otro que ya contiene múltiples espejos en su interior. En la película, para la que habremos usado tantos espejos como la imaginación nos haya pedido, se capta una parte del mundo, de ese mundo conceptualizado pero del que intentamos captar la esencia, la idea. 

 Cuando intentamos crear una obra nueva a partir de una ya creada, podemos no sólo utilizar espejos que deformen y crear así una nueva imagen, sino que podemos escoger los espejos del neoclasicismo. En el caso de los carteles es lo que sucede. Se pretende captar la esencia, la idea completa y el sentido completo de la obra primera. Pero nos encontramos con un problema de la materialización de la obra.

                “La materia es el sustrato común de todos los fenómenos individuales de las ideas y, por consiguiente, el miembro de conexión entre la idea y el fenómeno o la cosa individual. Así pues, tanto por una razón como por la otra, la materia no puede representar por sí misma idea alguna.”
Schopenhauer.  El mundo como voluntad y representación

 El material que tenemos ante nosotros al ver el cartel, es el papel, pero no podemos obviar que la obra a la que se hace referencia esté creada en otro material. La cinta de fotogramas, que en realidad son una serie de fotografías a una velocidad determinada la cual el ojo no puede distinguir una de otra. Luego lo que vemos es una actividad, una continuidad y un movimiento que el cartel debe recoger en una sola imagen. Es una vuelta por lo tanto al elemento principal: la fotografía fija, antes de que se una con todas las demás y se ponga todo a fluir y moverse en un continuo espacio y tiempo. Toda la actividad debe ser condensada y captar la idea fija que transmite el film. Debemos pasar de la acción a la pasividad. Pero una pasividad que nos conmueva y nos haga reaccionar.

El espejo, el modo en el que miran los creadores de carteles, esa mirada llena de fantasía y a la vez de conceptos, debe reflejar todo lo posible de esa acción de un modo que puede resultar casi imposible. Nos mareamos ante la visión de todos esos espejos enfrentados.

 Nos puede hacer sentirnos en un laberinto de espejos, en los que no saber exactamente por donde ir, ni si lo que ves es cierto o es una ilusión. Ya que no nos enfrentamos a una obra, la película, en la que solo se ha captado un modo de ver (no solo se ha usado un espejo para captar la idea), sino que. como ya señalé, hay un montón de elementos dentro de ella y diferentes espejos. Luego nos encontramos ante una obra que en un finito espacio pretende representar el infinito. Si anteponemos un espejo a otro, la imagen se repite incansablemente hasta que no llegamos a ver donde acaba. 

 Con los carteles pasa algo demasiado parecido. Ya dijimos que su  fantasía les lleva a buscar la Idea de la Idea original, pero no se queda solo ahí, sino que uno se para a mirarlo y puede ver gran cantidad de mensajes, de reflejos (y no me refiero solo al de las gafas de Trinity y Neo), y no cansarse de buscar todos los significados del cartel y trasladarte a la película y seguir buceando hasta necesitar salir a respirar. Nos permite llegar a una experiencia estética que nos saca de nosotros mismos, hasta que necesitamos volver al mundo real, salir a la superficie para tomar aire fresco. 

Pero  además no es una simple captación de la esencia, sino que además podemos decir que esta ocurre de un modo legítimo, pues es necesaria esta Re-Presentación, para ser Presentada al público por primera vez. Luego lo que vemos en un primer momento es su imagen en el espejo, (la sombra de la Idea, de la Esencia), la que nos conmueve e incita de tal modo que,  entonces aceptaremos ver la Idea original.  No nos quedamos en el mundo de las sombras, sino que ascenderemos al mundo de las ideas. Iremos a buscar respuestas a la Idea representada.

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